En Aúlide, el viento calla y el mar se detiene. Ligera como un suspiro contenido; Ifigenia, hija del deber, camina hacia el altar en el acantilado. Ifigenia camina hacia el destino, hacia el sacrificio. Ahora el viento – caprichoso y cruel- regresa, y con él, la promesa de todas las cosas que se salvan. Este chal nace de ese instante suspendi...